El Rey David una vida conflictiva. Parte V
QUINTA PARTE
David estando en su lecho de muerte da instrucciones precisas a su hijo salomón, sobre la obediencia de la ley de Moisés para que tenga éxito en todo lo que emprenda.
Sin embargo el arrepentimiento que disertaba en los Salmos y se jactaba del perdón de Dios, hasta su lecho de muerte no olvidaba lo que Joab le había hecho y se arrepiente por no haberlo castigado cuando tenía el poder de hacerlo; sin embargo había utilizado a Joab para matar a Urías el esposo de Betsabè.
Aquí es donde está la clave de su enfermedad, le dijo a Salomón no te olvides que Simí hijo de Guerá todavía está por ahí. Es de la tribu de Benjamín y vive en Bajurín. ¿Recuerda la maldición que me hizo?
Envió su maldición y mi cuerpo se enfermó y tengo ahora un tumor en mis huesos que no me dejan caminar y mi dolor se acrecienta todas las noches.
David no perdono a Simei, sin o que juró ante Dios que no lo iba a matar a espada sino su muerte seria cruel y brutal, pero no vivió para hacerlo y ahora le aconseja a su hijo para que lo haga y que no lo deje morir tranquilo en su vejez sino que su muerte sea violenta».
En el segundo libro de Samuel 15: 13-14. Samuel 16: 5-13. En aquellos días, alguien llevó esta noticia a David: «Los israelitas se han puesto de parte de Absalón.» Entonces David dijo a los cortesanos que estaban con él en Jerusalén: «¡Ea, huyamos! Que, si se presenta Absalón, no nos dejará escapar. Salgamos a toda prisa, no sea que él se adelante, nos alcance y precipite la ruina sobre nosotros, y pase a cuchillo la población.» David subió la cuesta de los Olivos; la subió llorando, la cabeza cubierta y los pies descalzos.
Y todos sus compañeros llevaban cubierta la cabeza, y subían llorando. Al llegar el rey David a Bajurin, salió de allí uno de la familia de Saúl, llamado Simeí, hijo de Guerá, insultándolo según venia. Y empezó a tirar piedras a David y a sus cortesanos toda la gente y los militares iban a derecha e izquierda del rey, y le maldecía: «¡Vete, vete, asesino, canalla! El Señor te paga la matanza de la familia de Saúl, cuyo trono has usurpado. El Señor ha entregado el reino a tu hijo Absalón, mientras tú has caído en desgracia, porque eres un asesino.» Abisay, hijo de Seruyá, dijo al rey: «Ese perro muerto ¿se pone a maldecir a mi señor? i Déjame ir allá, y le corto la cabeza! » Pero el rey dijo: «¡No os metáis en mis asuntos, hijos de Seruyá! Déjale que maldiga, que, si el Señor le ha mandado que maldiga a David, ¿Quién va a pedirle cuentas?»
David subió llorando, todos lloraban. El hombre fuerte, guerrero y Valiente lloraba como un niño. Su situación era tan lamentable que la tristeza, el miedo, el abatimiento, la debilidad el cansancio están minando su poder y su salud. La escena es dramática. David descalzo, la cabeza cubierta, subiendo entre lágrimas por la cuesta de los Olivos, huyendo de su propio hijo, de su familia, quería evitar más derramamiento de sangre, la presión era descomunal, huía, escapaba de sus depredadores.
Una de las características importantes de este episodio fue el llanto de David, el llanto es liberador de endorfinas que ayudan a aliviar las emociones. El llanto de David le ayudó a liberarse del dolor, de la tristeza.
Soportando humildemente las maldiciones de Semeí, uno de los seguidores de la dinastía de Saúl, que aprovecha la ocasión para desahogarse y soltar en cara a David todos los agravios que lleva archivados contra él. Estos libros históricos interpretan siempre las desgracias y fracasos como consecuencia del pecado.
David huye de su hijo Absalón. De hecho veremos las intrigas,las bajezas, los homicidios. El trono real es una presa. Absalón dará muerte a su hermano Amnón, el primogénito de David por haber violado a su hermana. Un oficial de David dará muerte a Absalón, segundo hijo del rey. Adonías, el tercero que pretende la sucesión será ejecutado por orden de Salomón. Triste y tres sangrientas historias. Hoy se nos relata la historia de la «huida» de David. David ha envejecido: su hijo Absalón quiere arrebatarle la corona. El “conflicto entre generaciones”.
Existe una relación cuerpo-mente que refleja cómo las actitudes conflictivas, los temores y los sentimientos reprimidos pueden influir directamente en el organismo y su funcionamiento.
En el libro “La conexión cuerpo mente”, Debbie Shapiro explica cómo nuestros estados emocionales pueden favorecer todo tipo de enfermedades: hipertensión, disfunciones cardíacas o trastornos nerviosos de diferentes tipos. Las distintas dolencias pueden contribuir no sólo a transformar nuestra salud física, sino también a facilitar la curación a un nivel más profundo. El secreto está en descubrir y comprender los mensajes que encierran los desórdenes físicos para poder conocernos y vivir mejor. David lo descubrió y declaró todas sus faltas, confesó su “pecado” a su Dios y quedó libre de culpa ay Dios lo sanó.
“Para entender esta conexión psicosomática, antes tenemos que reconocer que la mente y el cuerpo son un todo”, afirma la autora. Normalmente, consideramos al cuerpo como un “envase” que nos acompaña, al que debemos cuidar y que cuando se daña deban llevar al médico para repararlo. “Lamentablemente esta visión es muy limitada. Niega la complejidad de energías que configuran todo nuestro ser, energías que fluyen y se intercomunican. (…) No existe separación entre lo que sucede en la mente (pensamientos y sentimientos) y lo que ocurre en el organismo”, explica.
Para Shapiro, “Demostrar el efecto de la relación psicosomática es sencillo. Sabemos que un sentimiento de ansia o nerviosismo puede dar lugar a un trastorno estomacal, estreñimiento o dolor de cabeza. Sabemos que el estrés puede ocasionar úlceras o, incluso, ataques al corazón; que la depresión y la infelicidad afectan a nuestro organismo hasta el punto que nos sentimos pesados y aletargados, faltos de energía; perdemos el apetito o comemos en exceso; nos duelen la espalda y el cuello… Sin embargo, la felicidad aumenta nuestra energía y nuestra vitalidad”.
David sufría de hipertensión. El exceso de tensión emocional que el rey padecía con frecuencia, se debía a una alta presión sanguínea o una tensión nerviosa intensa. La causa residía en un profundo temor y falta de confianza, la sensación de que corría peligro constante y que debía estar alerta. Alerta por la persecución agresiva de Absalón y de su pueblo, el que antes lo apoyaba ahora lo traicionaba.
FIN.



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