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El rey David una vida conflictiva. Parte II - La Magia de la Curaciòn

El rey David una vida conflictiva. Parte II

SEGUNDA PARTE
David se había casado con Abigail, una mujer inteligente y muy hermosa. Esta mujer era separada, su antiguo esposo, Nabal era conocido como un hombre rudo, tosco, grosero que trataba mal a las mujeres y con Abigail no era la excepción, sin embargo. Aquí comienzan los problemas de David.
El acontecimiento de adulterio con Betsabè tuvo consecuencias políticas, familiares y personales por la muerte del esposo de Betsabè quien era el oficial de la guardia real.
La autoridad moral de David estaba por el suelo. El pecado continuo de David, acerca de la “proliferación” de sus mujeres, había tenido graves consecuencias en el ámbito político, familiar y emocional. 




David tenía gran número de hijos con sus muchas mujeres, con los cuales, es de imaginar, no mantenía relaciones normales entre padres e hijos, especialmente agravado por el hecho de que era el rey. 
Sus hijos, pues, tampoco tuvieron verdaderas relaciones fraternas. Todos eran hijos del rey, pero cada uno era hijo de su propia madre, y cada madre provenía de ambientes diferentes, dicho esto por Jorge Ruiz Ortiz, artículo publicado en Nueva Reforma, nº 76 (enero-marzo 2007), pp. 29-31.

Amnón, el primogénito de David y el heredero legítimo de la corona, era hijo de una israelita de Jezzreel (2 Sam. 3:2), por tanto, de origen humilde y miembro del pueblo de Dios, mientras que Tamar y Absalón eran hijos de una princesa pagana, la hija del rey de Gesur. Demasiada disparidad, cuyo único vínculo no era más que la figura del rey-padre.
Esto fue, por tanto, un campo abonado para que se desarrollara la distancia y la rivalidad entre ellos, incluso la atracción física, como ocurrió entre Amnón y Tamar. Es también significativo que se diga que el rey no habría negado el matrimonio entre los dos hermanastros (2 Sam. 13:13).
Con la intolerancia de Amnón, la figura y la autoridad del padre-rey se quiebran, y la familia acaba por romperse del todo.
Los errores de los padres se reproducen en los hijos, pero también se agravan. Se hace más sórdido el panorama. Es el caso de Amnón, el vivo retrato de la lascivia de su padre. Es de resaltar el paralelo entre el hecho de que David hiciera llamar e introducir en sus cámaras a Besabé y lo que posteriormente haría Amnón con su hermana (2 Sam. 11:4 // 13:6-7).
David no castigó el pecado de su hijo como ciertamente era su deber como rey, sobre todo cuando éste se convirtió en un escándalo de dominio público. Deja que sus sentimientos minen la moral pública de la población. Permitiendo en crimen sin el justo castigo, David comete también una segunda injusticia al honor ultrajado de su hija Tamar. Al hacerlo, David produce una ruptura definitiva en el seno de su propia familia, que repercutirá finalmente en una brecha en un reino. Como no puede ser de otra manera, puesto que, en la monarquía, la unidad del pueblo se halla encarnada en la unidad y prosperidad de una sola familia.
Acerca de la revuelta de Absalón propiamente dicha, ella comienza con el asesinato de su hermanastro Amnón. Bajo la apariencia de hacer justicia a su hermana, fue un crimen terrible cometido ante la presencia de sus hermanos horrorizados (2 Sam. 13:29.36). Al mismo tiempo, fue pasar por encima de la autoridad de su padre, el rey.
Pero también hay que contemplar la importante dimensión política del asesinato: al matar al heredero legítimo, Absalón abría la cuestión de la sucesión dinástica. Por orden de nacimiento, el heredero debía ser Quileab, hijo de Abigail (2 Sam. 3:3). Absalón era el siguiente en el orden de sucesión. El trono estaba demasiado cerca, y él era ambicioso. O tal vez incluso su hermano mayor había ya muerto joven, y entonces era él el heredero legítimo. En ese caso, solo tendría ante él a su padre.
Hay indicios de que el exilio en Gesur representa una especie de “experiencia espiritual” para Absalón. Allí hace el voto de servir al Señor como Dios suyo si finalmente regresaba a Israel (2 Sam. 15:7-8). Antes, pues, era pagano de corazón, siguiendo seguramente las divinidades sirias, conocidas a través de su madre. En realidad, Absalón se equivoca absolutamente en el terreno espiritual, debido al endurecimiento del engaño del pecado (Heb. 3:13), el pecado del asesinato de su hermano, del cual no se había arrepentido.

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